El instante después

Las personas tenemos negado el derecho a saber cuándo, dónde y cómo nos iremos de este mundo. Incluso tenemos negado el derecho a saber si de aquí vamos a otro lugar o, simplemente, nos dormimos para siempre y se acaba el juego. 

No le veo el sentido a pensar mucho sobre ello, son cosas que no podemos aspirar a saber. Cuando toque, sabremos. Lo que sí me pregunto de alguna manera es qué pasará cuando yo falte: ¿Quién se acordará de mí? ¿Habrá quien me eche de menos? ¿Intentarán comprenderme entonces los que nunca lo hicieron? 

Son preguntas que me hago de corazón. Quizás como el suicida que intenta llamar la atención, a veces pienso en que únicamente la muerte podría salvarme de esta indolencia en que paso los días. Ojalá tener un poco de carisma, ojalá captar la atención de las personas que me interesan, ojalá ser comprendido de manera plena por las personas a las que quiero.

He aprendido, a base de golpes, que yo no estoy hecho para el mundo. Es tentador, pero irreal, pensar que el mundo no está hecho para mí, así que termino dándole la vuelta a la frase para que tenga algo de sentido. Estoy cargado de buenas intenciones que no se concretan en nada, salvo en decisiones equivocadas y errores de muy distintos tamaños. ¿Para qué sirvo yo? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿Hacia dónde podría encaminar mis pasos? Supongo que, en el fondo, todo lo que yo quise es una familia más o menos normal en el sentido tradicional de la expresión, asunto en el que fracasé. Segunda ronda, en juego.

Allí donde alguna vez he creído que hacía bien algo, siempre terminé encontrando que eso no era del todo así, bien porque caía en una cierta indiferencia, bien porque "mi obra" no era más que un apoyo a la obra de otros, bien porque no supe vender un rol que nadie, salvo yo, apreciaría.

Siempre me llevó tiempo hacerme hueco, encontrar mi sitio, y parece que nunca supe consolidarme. Allí donde planté una idea, otros tuvieron que regarla para terminar recogiendo sus frutos. Tengo varios libros empezados pero no termino ninguno. Hace 6 años corría medias maratones y nunca más se supo. Mis progresos son siempre en el camino inverso.

¿Qué quedará de mí cuando ya no esté? Cuatro páginas mal escritas y un vago recuerdo de alguien que no fue. Lo mejor que podrían hacer mis hijos es no parecerse a mí y, sin embargo, observo con cierta tristeza que hay cosas de mí en ellos, como una especie de tributo que han de pagar a la vida por algo bueno que yo, como mero transmisor, pudiera llegar a dejarles.

A veces hago gracia, pero soy aburrido. Puedo parecer serio, pero carezco de solvencia. No siento miedo a actuar en público o liderar, pero no tengo carisma. Hay valores en mí, pero no tengo fuerza de voluntad. Soy noble, pero blando. Estoy vivo, pero no sé vivir.

Comentarios