El instante después
Las personas tenemos negado el derecho a saber cuándo, dónde y cómo nos iremos de este mundo. Incluso tenemos negado el derecho a saber si de aquí vamos a otro lugar o, simplemente, nos dormimos para siempre y se acaba el juego. No le veo el sentido a pensar mucho sobre ello, son cosas que no podemos aspirar a saber. Cuando toque, sabremos. Lo que sí me pregunto de alguna manera es qué pasará cuando yo falte: ¿Quién se acordará de mí? ¿Habrá quien me eche de menos? ¿Intentarán comprenderme entonces los que nunca lo hicieron? Son preguntas que me hago de corazón. Quizás como el suicida que intenta llamar la atención, a veces pienso en que únicamente la muerte podría salvarme de esta indolencia en que paso los días. Ojalá tener un poco de carisma, ojalá captar la atención de las personas que me interesan, ojalá ser comprendido de manera plena por las personas a las que quiero. He aprendido, a base de golpes, que yo no estoy hecho para el mundo. Es tentador, pero irreal, pensar...